19 ago. 2008

Fuera de la casa esperada

En la práctica social de la cultura arte de chile la monumentalidad aún juega un papel significante. Este papel se relaciona con la representación que se establece con los códigos de comunidad que se intentan establecer en el país.

Así, se escuchan los discursos públicos sobre arte y cultura, las políticas públicas que se necesitan, el orden de los signos para su propia relación de interés y fragilidad real con lo comunitario, etc. Esta es una estructuración de orden sígnico antigua aplicada hoy con su cierta efectividad en lo intersubjetivo que condiciona el educar en la respuesta de lo arte (y obviamente no solo arte, sino del conjunto social). Las escuelas de arte aún lo confirman, la competitividad de proyectos y posicionamiento capital es una rudeza de contradicción monumental.
En valpo la monumentalidad aún no entra en las más rudas competencias, no por algo positivo, sino porque aún vive condicionando la propia vida a la subsumisión de los ordenes simbólicos del cliché, viviendo una vida–tiempo que se descalza de esa otra vida-tiempo atingente. Es una participación ritual que ensalza, con la crítica cosificada, el desorden moldeado con los mecanismos histórico culturales que ejercen el poder de la conducción y adiestramiento de la sensibilidad. Entonces los mas trabajadores trabajan, he intentan trabajar mucho, solipsistamente, para aislarse de alguna forma de eso terrible que no quieren ver ni vivir, pero que los sobrepasa en todo momento, y que los hace construir parte del mecanismo pasivo del cliché monumental cuando participan de los códigos de enseñanza institucionalizada y re formulada por unos ejercicios de poder antiguo, muy antiguos que siguen funcionando en el país, sobre todo en valpo. Colaboran al ordenamiento fino simbólico de lo mismo que los aprisiona, su aislamiento de trabajo en retirada artística solo reproduce de una manera pasiva la esclavitud en el aporte simbólico del tiempo histórico que les corresponde, huyen de su propio tiempo de urgencia para refugiarse en otro tiempo, en uno que ya no existe y que solo se mantiene por vejetes que continúan educando para reforzar las cualidades de lo no visto….. El énfasis que pongo en esto es por la extrañeza que me afecta al ver a personas potencialmente críticas e inteligentes subsumirse en esos códigos de pasividad, y trabajar mucho en ello creyendo su propio resguardo de sobrevivencia…y hasta transformarse en ejemplos de eso mismo para otros, quizás futuros maestros conservadores de eso mismo; capitalistas emocionales, tolerantes en el propio aporte, sin percatarse que en ese arrastre de trabajo se arrastran a ellos mismos y a todos cuanto en su individualidad quieren. Es el clásico y mal copiado “mundillo del arte”, un onanismo sin política, solo el taller sublimado para escapar de sus propios monstruos.

La vida del arte en valparaíso, en chile, en gran parte del mundo, me avergüenza: donde se mire es un trabajo más competitivo que trabajos duros del capital. Valpo descansa en la inocencia de no querer participar de esa rudeza, pero lo que hace al no participar de eso, y ser parte de esa inocencia, es colaborar mas fácilmente a la construcción estratégica de comunidad simbólica dirigida. Que ciudad más hermosa y más subsumida a la vez en aquello.

Una de las principales cuestiones que caracterizan la dicotomía porteña es el problema de la literalidad que se lee entre los signos y las aplicaciones de la realidad diaria. La educación aspira a una modernización; a los análisis de campos duales; al deseo del otro excluyendo al otro; a la clásica separación sujeto-objeto. Los aportes en la creación de significaciones se academizaron, o se politizaron en valoricidades baratas. El aislarse del debate es una opción, pero una opción de subsumisión. Recordemos que las posibilidades constructivas de sígnos, en lo que aún se puede entender como arte, han requerido en todos los momentos de una crisis con las formas y modelos de ver y pensar en contextos de vida de linealidad social en occidente: el aporte desde las construcciones metódicas de ambigüedad.

En valpo se separa el arte del debate, se dialectiza la observación sígnica del cotidiano con la espera sígnica de la herencia histórica de las artes. En el mejor de los casos se integran socialmente como aleatoriedad y no como potencia de herramientas de construcción simbólica del tiempo que nos toca vivir.
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Planteo que la dimensión social como dimensión de contenidos es el campo de las herramientas, de los nuevos materiales: desplazamientos, elongaciones y extensiones del taller, pero no para tenerlos como objetos de uso duro, sino como el tipo de integración a lo “otro” desde la herramienta como un “yo mismo”, con un “tu mismo”, con un “nosotros mismos”. Excluyo aquí la herencia del “el”, “vosotros” y “ellos”. Son muchas las herramientas y posibilidades metodológicas extendibles del "antiguo taller".

Un ejemplo fuerte es la novena región, donde existen estudiantes y trabajadores de nominación artística. ¿Cual es el principio de la intención de un trabajo como este en un territorio rico en degradación simbólica, donde el silencio informativo y comunicativo está a la orden del día? Me refiero a la contingencia Mapuche. Pero la puesta en circulación, y la necesidad de una escena estructural enceguece el potencial de otredad. Comienzan a aparecer estrategias de discusión y encuentro internacionales que posibilitan el discurso político del arte en esos sectores, pero el silencio de un lugar en llamas es algo muy extraño, algo para conminar y pedir explicaciones: pido explicaciones estudiantes y artistas de la novena región! Ni un un postulado, ni acción con respecto a eso… ni un Mail de la araucanía. Ni las tautologías ni las estrategias escenográficas nos hablarán de aquello. Incluso los más perspicaces y estratégicos no se percatan que ese lenguaje no folclorizado, sino extendido como potencial semiótico puede rendirles rentabilidades de posicionamiento en europa por ejemplo. Esto sería una ridiculez como la que ha hecho durante un tiempo el gobierno de chile en estos asuntos, pero ni de eso se ve. Osea un vacío de las artes visuales abismal.

Cual es la vida en el arte que se pretende vivir excluyendo desde una negatividad dialéctica los aspectos constituyentes de lo que ocurre fuera de las puertas de la habitabilidad, fuera de la “casa” (una que ni siquiera se comienza a cimentar aún)..... para vivir que vida?... El espectáculo de cierta monumentalidad es muy chileno en esto.

Mira como muchos de nuestros antecesores, de tus propios padres, se enfermaron psíquicamante para llegar donde están. Mira un momento a tu alrededor, más allá de las puertas de esa casa que aún no tienes, y el taller pasado a vejestorio cultural, trabajando para las migajas de la conservación de mundo.

Es una buena excusa la neo sensibilidad tolerante enajenada…