2 jun. 2008

ArteBA 08

Durante 17 años se ha estado realizando, en la ciudad de Buenos Aires Argentina, la llamada feria de arte contemporáneo arteBA, la cual, como proyecto “joven”, en constante reconversión, sorprende ver la gran cantidad de “público” que asiste, alrededor de 100 mil personas, en casi 4 días de exposiciones. En este sentido es un gran logro a nivel de multirrelaciones sociales en la ciudad.

Uno de los objetivos de la feria se acerca a un reposicionamiento del arte argentino en los contextos internacionales, algo que en Chile (más como posicionamiento que re) se intenta comenzar a articular con proyectos como la trienal de arte de Santiago. Las excepciones en este caso no son relevantes como megaproyecto, aquí las plataformas de gestión lecturales pasan por un intento de pluralidad del sistema del arte. La ambición de la feria es evidente, y sus pretensiones les brindan resultados, pues logran atraer a algunos coleccionistas relevantes de arte actual de trayectoria y “peso” internacional.


Facundo Gómez, presidente de la fundación arteBA de este año, nos menciona con un positivo atrevimiento inscriptivo sobre las borrosas fronteras que se están dando hoy con respecto a las divisiones entre bienales o ferias de contemporaneidad. Este punto es delicado pues, aunque se considere la importante e interesante cuestión de la disolución de los límites, entrar a leer un “evento” como arteBA en la construcción de plataformas de bienales se puede ver apresurado o pretencioso, ajeno a que el principio del deseo sea algo que muchos compartamos. Las pretensiones de las magnitudes, en este caso, son de estrategias más que de realidad contemporánea compartida, ajeno a los puntos de disidencia de cada uno como postulado del mundo en que vivimos, o por lo menos el que queremos vivir. Por qué? Primero porque la gran mayoría de convocados y seleccionados corresponden a galerías de arte en las que no se ven principios de estéticas relacionales en sus políticas de gestión, se manejan más de acuerdo a plataformas de visibilidad tautológica característica de las artes de la última mitad y finales del siglo XX. Cuesta encontrar incluso institucionalizaciones de una escena político artística característica de Argentina que se internacionalizó luego de las fuertes crisis económicas que le afectó. Ni siquiera una cosificación de la misma.

Sin embargo, y por lo pronto, el sistema de las artes, desde los sentidos estratégicos de visibilidad y cualitatividad para con los entornos de trabajos visuales del país, funciona, o por lo menos se encamina a velocidades interesantes a funcionar muy bien. Aquí, la mercantilización en la gestión del evento juega un papel importante en la comunicación que se intenta, pues desde ella, a través de importaciones y exportaciones de arte, e intentos de incidencia en las políticas de Estado (concretamente leyes específicas que se intentan impulsar, como la ley de mecenazgo y la de patrimonio cultural) intentarían crear plataformas, que en palabras de Facundo Gómez serían para “…que los propios artistas , y no solo galeristas y coleccionistas, puedan gestionar en forma absolutamente libre ideas y proyectos, una especie de espacio performático”.

Braga Menéndez (parte del comité evaluador) dice que: “pensar en la calidad de los proyectos artísticos seleccionados involucra, necesariamente, pensar en su perfil empresarial. Un proyecto es bueno y sustentable si prevé una buena gestión de negocios; de lo contrario será la expresión de una voluntad melancólica que se diluye en el tiempo”.
Esto último es muy interesante como fenómeno, pues nos habla de una tendencia actual al afincamiento estratégico con los sistemas de producción de “urgencia” conceptual y práctica que se nos presentan hace un tiempo desde el arte (por lo menos como fuerte preocupación neoreferencial en Latinoamérica), y que provenían, desde comienzos decenarios, desde la economía dura. No estoy en desacuerdo con Menéndez en el ejercicio necesario para gestionar desde la economía abierta, pero si difiero en que las posibilidades contrarias que trabajen desde un sustento ideológico no compatible con esto tengan que ser diluidas como instancias de pérdida. Lo que menciona ella es extenderse prospectivamente demasiado, condicionando el accionar a una univocidad de estrategias de actuación en la planificación del hacer subjetivo. Las herramientas son ilimitadas, pero no son las únicas las que corresponden a una realidad histórica de mercado en la que nos encontramos..hay que tener cuidado….. No es el punto negar las posibilidades de mercado en este contexto, sino poner en cuestión un discurso tendencial de valorar la univocidad temporal de la dimensión mercantil como discurso atemporal. Esto no es desconocer la realidad actual sobre los movimientos, realidades y accionares semióticos en el accionar y en el discurso del arte con respecto a la realidad de las economías duras del mundo y su influencia en todos nosotros, sino no cerrar la vaya estructural de la misma, es decir, tener un campo de posibilidades extensible a la misma y cualquiera otras, tanto las que se nos vienen como desconocimiento como las que creamos como voluntades.

El modelo de gestión que menciona Menéndez no es discutible, es incluso extremadamente necesario para con una estrategia como arteBA, y muchas ferias de arte internacional de acuerdo a las realidades de extensión de comunicación y relacionalidad global. Sin embargo esto es factible dentro de sus propios límites globales (y necesarios, repito), pero no EL “paradigma” que diluye lo no aplicable al mismo a la disolución en el tiempo… por lo menos eso estará por verse, quién sabe si por nosotros como generación……

Sin embargo la vaya de discusión es abierta en este caso, pues la dimensión de vorágine visual que trabaja en arteBA como planificación y “educación” en la gestión de producción de galerías y “obras” como estrategias evidentes de visibilidad internacional (a través de los evidentes sistemas de mercado como se mencionaba antes) no se realiza, en este momento, en casi ninguna parte más de Latinoamérica. Aunque el llenar un vacío no siempre es una excusa en contraposición de las radicalidades políticas no nostálgicas, sino aplicadamente gestoras de una disidencia abierta en las prácticas “estéticas”.