18 sept. 2006

Era de la incertidumbre? I

El desconocimiento de la vida, de las magnitudes y los alcances que nos corresponden y determinan, a sido una constante en el camino humano, por lo menos desde los principios occidentales de la razón.

En distintos períodos se han afirmado sustentos para la ubicación del intento de la realidad y sus consecuentes emplazamientos aplicados en el mundo. Esto requiere un análisis y descripción muy extensos. Pero en lo que me quiero concentrar aquí es en la situación "particular" del trabajo de las artes en la quinta región y su relación paradigmal de acuerdo a sustentos ideológicos y de pasividades referenciales que, en cierta medida, provienen de no intentar una búsqueda reflexiva en el entorno específico del estudio que le correspondería al sector. Esta no-búsqueda como parte de un miedo e incertidumbre cultural.

Se podría argumentar, cómodamente, que existe, y ha existido una historia nacional y local transcultural arraigada. Los conocimientos e informaciones de los aún centros ideológicos del saber occidental, forman parte de las bases de posibilidades de inscriptividad, para poder ser leídas y escuchadas por un otro aprobador, un otro validador. Sin embargo, quiero referirme al tema, desde una contingencia expandida, desde el concepto y consecuencias del miedo.

Si pensáramos en una posible historia del miedo, podríamos extendernos muchísimo, pues es una de las importantes cosas que nos caracteriza como especie, nos constituye como decisión, es lo primitivo del movimiento. Pero, dentro de una especificidad, una de las respuestas a esto es la búsqueda de la seguridad, el afirmarse en lo más sustentable posible, por lo menos mientras no se esté seguro de caer, de naufragar, de ser un huérfano, o sentirse un bastardo.

El título de este escrito lo saqué de una entrevista que realiza Héctor Pavón a Paolo Virno; es el fragmento de una pregunta que realiza Pavón. Virno explica que en los tiempos de globalización dos tipos de miedos, que antes estaban separados, se unen: el miedo a los peligros concretos (perder cosas materiales, por ejemplo) y un miedo que no tiene un objetivo claro, que es "el sentido de la propia precariedad. Es la relación con el mundo en su conjunto como fuente de peligro". Estos miedos, antes separados, se integran hoy, provocando un desconcierto generalizado de grandes escalas en lo que corresponde a nuestras vidas. Hoy, según el mismo autor, cuando sentimos un miedo concreto y tratable desde lo social, se siente un miedo completo, sentimos toda la precariedad con respecto a la vida, miedo del significado de la vida.

Según un fragmento de definición del miedo de un diccionario, este sería lo que "está dentro de la mente del individuo y, rara vez, se corresponde con alguna realidad concreta sino más bien con un pre-acontecimiento de lo que puede llegar a ser algo, un acontecimiento, una supuesta realidad, un deseo, una ansiedad".
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Concentrándome en nuestro punto, desde la idea de un miedo actual hacia lo incierto, planteo una relación directa de la situación cultural, en este caso en la quinta región de Chile de las mercedes. Existen dos factores para hablar de esto, los cuales son contiguos pero diferentes. Uno es la gran cantidad de instituciones e individuos que, supuestamente preocupados por los alcances de un arte contemporáneo, manejan una relación y actualización de movimientos reflexivos muy precaria en relación a experiencias y alcances, que muchas veces ya tienen varias decenas de años históricos y muchas veces ya cuestionados. En este caso el acercamiento a una experimentación es un miedo referencial, que pasa por la comodidad que viene, desde lo individual hasta las posiciones adquiridas que se defienden de relaciones un tanto más (y no es mucho) exigentes. De acuerdo a este factor referencial, desde esta lectura, no existiría arte contemporáneo en la quinta región. En el segundo factor caven los aún muy poquísimos trabajadores de mayor rigor en la investigación, o por lo menos actualización de sus alcances. Sin embargo la incertidumbre también hila los ejercicios de este pequeño segundo grupo. Aunque en casos muy puntuales (y en otros como búsqueda de maestros hacia una inscriptividad) se refiera y encause el trabajo al territorio de situaciones locales, sobre todo en el campo de la variabilidad arquitectónica, el planteamiento pasa por una codificación sígnica que asegura, o intenta que asegure, una posición en las referencias centrales ya adquiridas y encaminadas desde esos signos críticos aprendidos, no para cuestionarlos, sino para utilizarlos pasivamente como herramientas, e intentar hablar de otras cosas, de unas otras cosas locales. Aquí el miedo es al desconocimiento del propio entorno representacional.

Cuando escribo sobre la utilización de referentes en forma pasiva, me refiero a la adopción de mecanismos conceptuales y facturales en la inserción hacia un lenguaje que habla de los alcances de su propia conformación, es decir, la revisión, extensión y elongación de la experiencia de un mismo estudio, o sea, una tautología, la cual, desde la adopción pasiva que, aunque intente generar discursos o acciones hacia una concretud social, por ejemplo, solo lo que hace es encubrir la adopción e interés de la circularidad de los propios signos aprendidos (generalmente académicos). En este caso la experimentación y ejecución pasa por un interés de los sistemas de aprobación sígnica, que necesariamente tiene que ver con las opciones de centralidad histórica. Todo esto lo digo no desde una negación absoluta de las intersecciones globales en el mundo, sobre todo cuando se relacionan con urgencias de realidad tácita y de intentos del mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, sino que lo menciono apuntando desde la crítica a una inutilidad, pero no una positiva, sino una que se refuerza a sí misma en su propio miedo de agonía, y adopta rizomáticamente muchas de las posibilidades de lenguaje necesarios para sustentar su propia condición. Si esto último no lo viéramos negativamente, podría continuarse en la adopción y extensión de estas mismas codificaciones hasta el infinito, quien sabe, pero, y he aquí el punto: lo anterior no es el caso de un contexto local de creadores, los cuales intentemos desarrollar esas experiencias reflexivas desde los entornos sígnicos característicos de un sector de estudio determinado. Entonces ¿cuáles serian esos entornos sígnicos? No lo sé... averiguémoslo en trabajo en conjunto. Aunque entrar en estos campos, que serían ricos e interesantes en el estudio y las acciones, nos conducirían a nuestro autorrefugio representacional, y podría ir en detrimento de las relaciones con trabajos, cruces y redes con organismos e independientes que intentan trabajar desde las problemáticas políticas, por ejemplo. Trabajo "real", no política ficticia (en un mal sentido).

Lo interesante e irónico de todo esto es que las adscripciones referenciales que menciono, desde su campo internacional o mundial, se encuentran en crisis, como todo "orden" subjetivo que se relacione con un acercamiento ente nosotros, a una posible respuesta de algo. Las referencias de seguridad en el contexto local son de ida a una consagración (lenta) de conformaciones estipuladas que ya están trizadas en los lugares de procedencia. Es como la histeria de la modernidad que aún puede apreciarse en sectores latinoamericanos, particularmente en sectores locales como la quinta región de Chile. La búsqueda y el encuentro de algo que en su proceso histórico se vovió contra sí misma, dándonos una no adecuación a lo que como "humanos" necesitamos, es más, que destruía lo que como humanos necesitamos.

La referencialidad de acomodamiento ligado a la aceptación sígnica por parte de los trabajadores culturales locales corresponde a una búsqueda de algo que, desde la (su) proveniencia ya murió, o por lo menos agoniza.