1 ago. 2007

Crisis Local: “peligro y oportunidad”

Por lo general escribo sobre coyuntura o contingencia cultural “específica“, sobre todo de las condiciones críticas de posibilidades subjetivas que se dan en contextos como la quinta región, específicamente Valparaíso y generalidades de Santiago, cuando siento que se requiere para develar o ver citaciones en donde el “centro” es afectador o afectado dentro de las visiones que me interesen, las cuales, en su mayoría de veces, se relacionan con las artes o los campos subjetivos de trabajo e influencia que aportan significancias a las relaciones de trabajo en las artes, y relaciones de lo social (como consecuencia de lo primero) en general.

Haciendo una revisión, no tan rigurosa, me es claro, hace mucho, que las condiciones teóricas y analíticas que empleo, lamentablemente, “quedan en el aire” y no se adecuan prácticamente a los problemas culturales en que se encuentra Valparaíso (o la quinta región en general). Esta situación, según veo, se da por cuatro motivos generalizados que en si mismos son falencias: a) problemas de actualización de trabajadores y gestores, b) política, c) falta de academia crítica, d) superación de la actualización y, e) sobredimensión lectural (no siempre) de mis textos a partir de la supuesta superación de la actualización.

a) Sobre la actualización de referentes, de quienes trabajan en los campos artísticos, es claro que, a partir de las experiencias y experimentaciones que se vienen dando en lo que se denomina arte contemporáneo, hace bastantes decenas de años que variadas formas metodológicas nos han mostrado variantes de ver y encontrarnos con el mundo local y global. Estas son las llamadas “vanguardias”, que, con pesar o no, han alcanzado en su actuar y conceptualizar, de acuerdo a los tiempos que les corresponden, formas y métodos simbólicos (y muchas veces prácticos) de enfrentar y cambiar ciertas concepciones del mundo en su momento determinado, y muchas veces, en su prospecciones aplicables en un “hoy“. De todas formas esto es variable, y posiblemente cuestionable en el presente, de acuerdo a los lugares concretos donde queramos interactuar en lo llamado arte, pero eso corresponde a la letra d) superación de la actualización, y que se leerá un poco más adelante.

b) El tema de la política es más complejo y extenso aún (pero no más importante) y solo me remitiré a generalizarlo de acuerdo a la limitación que se determina de ella en el entorno regional con respecto a los truncamientos del arte.

Primero, lo que corresponde a las políticas institucionales en su actuar en la potenciación cultural, en lo que podría ser un intento serio de sincronía con los actuantes de rigor, no hacen su trabajo correspondiente a su tiempo y lugar. Y en el caso que pudieran vincularse a los problemas de raíz o de fondo que se acarrean, hasta el momento, las lecturas posteriores de los acedores de rigor producirían, a corto y mediano plazo, una ignorancia (por parte de quienes no las pueden leer), y sobre todo de problemas “simbólico matéricos“(1) en una población. De todas formas en lo que respecta a intentos de contemporaneidad, las políticas institucionales son completamente ignorantes y pretenciosas, pues se auto argumentan a si mismas (como muchas escuelas de arte también) en la comprensión cerrada y arcaica de enfrentar su tiempo (por lo menos experimentalmente) simbólico artístico. Para que hablar de si existen presupuestos dirigidos a zonas de experimentación actualizante. Para esto último descansan, por ejemplo, en Fondart, el cual conlleva las falencias y limitaciones que muchos conocemos con respecto a variadas cuestiones, desde lo estructural, pasando por las influencias de intereses ideológicos, hasta las pertinencias de los evaluadores y los encargados de decidir por los proyectos, quienes, en su gran cantidad, son casi funcionarios del arte, o por lo menos pocas personas investigadoras y estudiosas serias de las complejidades culturales y de las actualizaciones fuertes en arte; menos aún de esperar aprobación en proyectos radicales en su actuar y conceptuar políticamente. Dejemos de lado esto, pues a muchos ni les interesa depender de fondos estatales.

Las políticas al interior del arte, o lo que se podría ver como arte político en la quinta región tiene una escisión muy fuerte. Veo tres grupos generales: los que hacen arte de taller y a la vez realizan o muestran un problema político, pero los dos temas los dividen y los presentan como dos lecturas separadas; los que trabajan en los campos sociales, y en este grupo existe un creciente aumento de desgano y descredibilidad del concepto histórico del arte, lo rechazan y realizan intentos de trabajos sociales, pero con un odio a lo que alcanzan a entender por arte y que es solo el que les educaron; por último, los que ni siquiera trabajan desde la actualización de la política en su “obra”, o sea, los que les importa un carajo relacionar arte y política y trabajan encerados en sus talleres, y que son, en su mayoría artistas extremadamente decimonónicos e individualistas. Dentro de estos tres grupos generales menos aún se puede encontrar el trabajo políticamente (como algunos pretenden) a diferencia de hacer el trabajo para una política determinada, o sea hacer arte como política en si misma…..el panorama, hasta ahora, es aterrador no? Esto sin mencionar los carnavales culturales, los cuales, evidentemente hasta ahora, a lo que contribuyen es al “espectáculo del arte” para su masificación rentable en pesos.

c) La falta de academia crítica en la región es más que evidente, solo viendo el trabajo de la gran mayoría de los estudiantes y egresados que aún salen de las universidades. El problema, en este caso, se da en forma recíproca entre institución, académicos y alumnos. Las instituciones universitarias locales no les interesa la relación crítica de cuestionamiento y actualización necesaria para los alcances potentes de sus alumnos, es más, en las carreras de licenciatura en arte, por ejemplo, el intercambio que realizan como interés económico es de real estafa con respecto a quienes les dan el dinero, es la estafa de la empresa (que es como funcionan) a sus clientes en forma devastadora. La “academia” no muestra un real interés de alcances con respecto al estudio y ejecución de las artes hoy, eso es evidente. Los académicos, también en general, solo capitalizan intereses personalistas y de conservación de puestos de trabajo o, en el mejor de los casos, las conveniencias políticas infantiles que se desarrollan al interior de las universidades. Los alumnos en este caso, son el eslabón jerárquico más bajo de estas familias. Sin embargo, los alumnos no se quedan atrás, descansan en la paupérrima administración de la institución y la particularidad de los académicos. Se comportan como escolares obligados a atender las demandas débiles de sus tutores arcaicos. Cuando existe la posibilidad de “capear” clases por la falta de un académico lo celebran como el niño obligado a la tortura. Es claro que esto no ocurre en todo los casos, pero si en la mayoría de la particular universidad de Playa Ancha, desde donde yo egresé. Hay ejemplos (que no justifican otras falencias) como son los casos de la universidad Católica de Santiago, donde muchos alumnos exigen los horarios determinados de aula, por la conciencia de economías que están moviendo sus padres dentro de sus condiciones socioeconómicas específicas. El fenómeno del comportamiento psíquico de acuerdo a la condición de territorio y socioeconomía, lo desarrollaré, un tanto más, en otro escrito por ser un tema extenso y que me desvía del punto que estoy tratando.

Para el caso, en la región, el alumnado de las carreras de arte no exige (y no exigimos) la adecuada relación crítica con respecto al propio entorno, como ser categóricos en los intereses de apertura que limitarían y eliminarían las rencillas de políticas infantiles y de diferencias de contenidos actuales versus los arcaicos; bandos internos de académicos que pasan por alto la posibilidad de alumnos exigentes que no necesitan y no les importa ese tipo de problemas que acarrea la upla, por ejemplo, sino la interacción hacia el potencial de apertura de una política interna madura y sin rencillas de poca monta. No es tarde… para nada.

d) Dado lo anterior, la superación de la actualización es un abismo vertiginoso en sus alcances inmediatos. Este punto es una anacronía si se revisan los tres primeros puntos, o sea, de que manera puedo, o puede cualquiera, intentar hablar o ejercer alcances que superen las actualizaciones anteriores si esas actualizaciones aún se leen y se rechazan, en su grueso, como si fueran cuestiones de disputa incomprensibles, como son la clásica dualidad entre los llamados “hacedores prácticos” y los llamados “hacedores teóricos”. Debo explicar primero los motivos generales de mi argumento de superar la actualización de referentes.

Si bien una buena parte del aporte vanguardista desde hace unas cinco decenas de años occidentales ha hecho su aporte crítico y experimental desde variadas formas de relacionar y aplicar signos precedentes y nuevos, hoy en día juegan, en muchas ocasiones, un papel ligado a las lecturas institucionales de la validación del arte. Es probable que nuevos aires, y formas de relacionarnos hoy, que superen las actualizaciones referenciales y, más que esto mismo, se formalicen en algún momento. Pero para el caso de nuestra actualidad es necesario arriesgarnos en los caminos de la búsqueda, y en este camino, intentar dejar un precedente que no se cierre a los dogmatismos académicos de aprobación. Si esto no es posible para un futuro, de todas formas se debe intentar, o sea continuar en el accionar de nuestros presentes. Un ejemplo en Valparaíso se puede ver en el entusiasmo y aumento (lento pero aumenta) de jóvenes que cada vez más se vinculan e investigan lecturas antecesoras, pasadas por alto en las escuelas de donde provienen. Sin embargo, como mencionaba, la preocupación por actualizarse, en este caso, deja de lado el contexto local donde están sucediendo cosas sintomáticas, las cuales son importantes lecturas a considerar y que son correspondientes al lugar donde se encuentran, donde nos encontramos. En todo esto no me refiero a las posibles actualizaciones que podrían formar contemporaneidad radical, sino a la limitación de los tipos de actualización que pueden ser formalizadas e institucionalizadas hoy. Entonces estas se toman en forma pasiva y de búsqueda moderna de centro, y no desde el diálogo del aquí hacia el mundo. En este punto podría mencionar un aspecto sobre la reacción pulsional que observo en la región con respecto a la creatividad, pero que trataré en el próximo texto de este blog y que se llamará “Signos Locales”.

Un ejemplo de este punto son los ejercicios y especificaciones del trabajo del grabado (como soporte documental de la historia o la historiografía de la región) que aportarían, en ciertos aspectos, medidas a considerar para el presente, y la prospectividad de la especificidad del dominio artístico. Sin embargo esto es aún dentro del campo de entendimiento que se reconoce a si mismo como su tautología, es el estudio y aplicación de los sentidos ya concebidos y elongados para hacerlos presente. Lo que pretendo decir con la superación de la actualización en arte tiene que ver con las posibilidades abiertas de enfocar nuevas estetizaciones que nos aporten a los contextos de realidad en donde nos encontramos pisando, hacer de nuestra “literatura histórica” el suelo para caminar un momento y ver que sucede.

e) Tristemente, para mi, los textos que escribo no se leen mucho en la quinta región, a diferencia de otros lugares como regiones y santiago. En no pocas ocasiones se tienden a ver como defensores de la academia. Sin embargo, si bien existe la utilización de cierto leguaje mínimo de lecturización, lo que intento es proponer una plataforma teórica propositiva de estudio con respecto a la adopción y ejecución estético contemporáneo concentrada en el suelo del diálogo donde nos encontremos, para interactuar con el resto del planeta, es decir, es el intento no pasivo para no continuar (como la esperanza moderna) con la incorporación de identidades generales y globales como la finalidad de un gran discurso totalizador(2). Por el contrario es el intento de localización territorial, no para cerrarse en si misma, sino para observar el punto de “realidad” (con todas las falencias o virtudes que conlleve) en donde se encuentre un momento determinado, como resultado histórico o presente radical, para interactuar, desde una culturización propositiva, con el mayor alcance posible que sea necesario, y si ese alcance no se da, por lo menos es un trabajo consecuente con respecto a las interacciones con las personas que uno se encuentra día a día.

La actualización histórica, en este caso, dificulta este camino cuando aumentan quienes estudian y aplican las referencias frescas de un mundo global pero en forma pasiva o, peor aún, de forma estratégica solo para el logro inscriptivo en si mismo. Ya conocemos el aumento en Chile de especialistas en proyectos y en formas estético políticas de fabricar una obra.
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Una de las cosas importantes, para el caso, son las maneras en que se podría establecer un diálogo, que pueda ser escuchado, con respecto al tema. Para esto las “velocidades“, quizás, no tengan que ser correspondientes a las usadas por el accionar histórico de nuestra educación, es decir, no apurar los acontecimientos como lo reclamaría la posibilidad de “actualización referencial“. En este aspecto la comunicación es en base al contexto de “realidad” en que se encuentra el lugar o el campo de acción. Desde esto es que, en parte, muchas veces, e intentado adecuar los contenidos de lenguaje para la relación con el territorio “específico”, pero, por lo visto hasta ahora no lo he logrado, pues la subestimación de los textos, tanto hacia la aceptación de ellos de acuerdo a la conveniencia de análisis de arte contemporáneo burgués fuera de Valparaíso, como de la incomprensión de los textos en la región, y la vinculación que se hace de ellos con la institución, solo por la relación básica que se hace de ellos por el lenguaje utilizado, lo que nos muestra una lejanía fuerte, aún, de permearse (en la región) de los referentes de actualización, por ejemplo, como menciono hace rato. Esto sin considerar que es posible, quizás, obviar o saltarse las relaciones de caminos lineales en la construcción de imaginarios. Con lo último quiero decir que no es necesario, tal vez, tener que pasar por el proceso de actualización para llegar a un momento de trabajo sobre la construcción de las “utópicas identidades”, o de enriquecer la discusión a favor de contextos vivenciales que correspondan a los lugares de vida, y que es posible, creo yo, se puedan insertar, desde su sinceridad y pertinencia de exigencia, ha lecturas de lo que se necesita llamar contemporaneidad. Nuestro tiempo, y esta vez desde la herencia mundial, dentro del desconcierto en que nos encontramos con respecto a las posibilidades y potencialidades que podemos ejercer como participes de nuestra “realidad histórica”, puede permitirse las alternancias, “saltarse” la continuidad lineal necesaria de la tradicionalidad histórica, por lo tanto, es posible, si así lo disponemos, por ejemplo, hacerlo con esas referencias que creamos no necesitemos(3). Es un riesgo interesante. El principio de esto es la permeavilización de los acontecimientos, de los lugares en donde nos encontremos relacionándonos. No se debe mal entender estos argumentos como un enajenamiento de la “comunicación mundial” y las formas enriquecedoras de utilizar herramientas como Internet, por ejemplo, pues el intercambio de redes de comunicación en ese sentido es muy necesario hoy. Lo que menciono es la vinculación de eso mismo, pero desde la “discusión” y los aportes que esta conlleve desde un participante a otro, o sea desde unas experiencias a otras, y no desde la gran experiencia unívoca.

Una de las cosas interesantes de este texto es que para muchos lugares, sobre todo europeos, sería anacrónico y romántico tal vez, pero dejo en claro, y repito, que estas posibilidades muy generales que escribo tienen que ver con un lugar que, de acuerdo a sus condiciones sociales, se encuentra en condiciones de movilizarse desde esa anacronía como realidad, pues se posee la gran oportunidad que, por ejemplo, una nación de primer mundo ya no dispone como principio, sino como vuelta o como inflexión hacia la desorientación del propio momento moderno que formaron y distribuyeron. O sea aquí se habla desde un territorio (quinta región de Chile) y contexto que dispone de la ingenuidad híbrida, y casi nada trabajada en su rigor que se ubica en un tiempo en donde “todo puede pasar”: continuar con la lentitud que lo ha hecho hacia la adecuación de lecturas históricas rancias y centrales, o desde su aún no conformación potente, optar por el trabajo de la búsqueda rigurosa del contexto que lo identifica(4).

Esto último, como proposición de mi parte, será tratado en el próximo texto que ya mencioné antes.

Quiero transcribir dos líneas de una conversación que tuve por MSN con Susana Riveros en donde ella me planteaba:

“pues si se les muestra solo lo que entienden como arte, algo reconocible en la educación, no se les provoca nada mas que acomodamiento estético. El arte tb es desconcierto, ruptura, incomodidad, y creo que esa es una de las políticas en él mismo”.
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Para optar a las ideas de superación y formas diversas y extensibles para la incorporación estética y de las artes, me es claro mencionar que el posible espacio de las artes se puede incorporar todo lo que estemos o queramos que sea arte, por lo tanto, y de acuerdo a las necesidades, tanto estructurales como de contenidos simbólicos de la región (y de la mayoría del país), las proposiciones extensibles fuera de los campos institucionales y de las referencias actualizantes es más que necesario pues nos abren las multiplicidades de los contextos de creación y de la búsqueda y aplicación de políticas que se interrelacionen con los aconteceres de movimientos de “ciudad“, de interrealidades que se nos presentan en el acontecer de todos los días en nuestras vidas específicas e impulsadas a la comunicación con las generalidades del mundo como comunidades de relaciones en común, desde las diferencias.

Cuando se cree que solo existen verdades universales y se opta al seguimiento de paradigmas que proponen cambiar los contenidos desde políticas institucionales del Estado por ejemplo, se están cerrando amplísimas dimensiones posibilitantes del cambio consistente desde los lugares mismos en que nos encontramos. Creer que las “soluciones” vendrán aún desde los centros conformadores, que desde ellos aparecerán respuestas a las condiciones de nuestro hoy global, es un error según yo, pues los sistemas céntricos formadores de la realidad moderna, por ejemplo, no son pertinentes para el encuentro de un nuevo movimiento de visión de mundo. Para esto es necesario, (como una de las partes) mirar y actuar desde las habitabilidades inmediatas de los contextos culturales de suelo en que caminamos todos los días, o por lo menos donde caminan la mayoría de las personas que conocemos. Desde aquí, desde ahí podemos conformar y optar por estadios de caminos y amplitudes que nos den subjetividades y formaciones de sentido y conocimiento adecuado a nuestros cuerpos y tiempos contemporáneos y su, también diálogo, con el tiempo “pasado y futuro”.
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(1) Con simbólico matéricos me refiero, en este caso, a las influencias y consecuencias que se dan en la conformación educada de una población que determina o influye en sus intereses y conductas de aceptación y búsqueda de concreciones materiales, es decir, la búsqueda y valoración determinada de las materialidades deseadas, que son, en su gran porcentaje hoy, las educadas de acuerdo al consumo.
(2) Este ejercicio, por el momento, es desde la evidenciación y análisis de las falencias, que son con las que más nos encontramos acá.
(3) Con esto no me refiero a desconocer la historia que sea que se haya leído antes y en los lugares que las validan, es más, creo necesario el conocerlas, lo que no significa aplicarlas, sino más bien, como menciono muchas veces, dialogar con ellas.
(4) No desde una identidad cerrada como la que corresponde a la inculcación cultural del turismo como imposición de identidad de un territorio, ese que no perdona el lugar visitado fuera de lo identificado como lugar a priori donde se viaja o visita depredadoramente. El caso que propongo no es la nostalgia de lo primitivo como identificación, sino lo que se nos da a partir de un hoy, con toda su hibridez incluida, pero no pasivizada como imposición transcultural masiva, es decir, no como la relación cerrada del ejemplo que da Boris Groys con respecto al turismo romántico.