16 dic. 2007

Boceto primero del debate arte socioeconomía

Es interesante, importante y necesario, antes de generar cualquier tipo de discursos, planteamientos y acciones que tengan que ver con la reflexión social relacionada con las posibles nuevas formas o metodologías de arte, partir desde algunos supuestos sociales y económicos, y de las simbologías y subjetividades que se podrían desprender de esto, y el posible camino a seguir.

Si suponemos que parte importante de las prácticas artísticas actuales se relacionan o están involucradas con el accionar social (o por lo menos eso intentan) sería necesario, desde mi visión, desglosar algunas cuestiones. Intentaré, en principio, mostrar las debilidades estratégicas y metodológicas en que se encuentran la gran mayoría de los accionistas artísticos nacionales, particularmente regionales, particularmente porteños de la quinta región. Luego intentaré plantear ejemplos generales de actitudes y trabajos posibles dentro de mi alcance coyuntural limitado.


Primero voy a referirme, en forma general, a dos tendencias coyunturales de arte local: el mencionado “arte político” (relacionado con la politización de sus propios soportes tautológicos) y el trabajo “artístico” desde o hacia la politización social desde sus trabajos de base.

La historia occidental que nos trae el arte y toda la desestructura y cambios paradigmales actualizantes presentan, en no pocas ocasiones, las innumerables revisiones de variados tipos, desde las que corresponden a su propia historia que la configura, hasta recotextualizaciones de los mismos mecanismos que conforman el “hacer”. La politización, en este caso, es tautológica. Se interrelacionan y se articulan mecanismos reflexivo críticos que abarcan las condiciones simbólicas y estructurales, se problematiza, en muchos aspectos, condiciones de relaciones con el entorno. Pero esta herencia, o esta manera abierta y metodológica de encarar las posibles relaciones con el supuesto arte actual, de una forma u otra, de una medida u otra, validan, en su condicionamiento adquirido, las conductas pasivas o activas del capitalismo. La reflexión crítica que se puede lograr aquí, con respecto al entorno de realidad material, solo se da en el máximo enriquecimiento de la experiencia estética en si misma, y por ende factible de cosificación a corto o mediano plazo. El problema aquí no es la postura sobre los modos de comportarse con o frente al sistema, sino los modos en que, desde una lectura política, se plantea la alteridad, es decir, de que forma afecta o incide (en los plazos de tiempo que sean) en la reflexión y práctica social explícita. Considerando la forma abierta de este proceder y de las muchas estrategias enajenantes que arrastra (pues establece una educación socio cultural, relativa y muchas veces, fuertemente burgués) no considero, por el momento, que las interiorizaciones y metodologías de la politización de los mismos soportes, por parte de estos artistas, sea una actividad de contribución “histórica” en el logro consciente para salir de un sistema socioeconómico “insensible” como el que vivimos. No plateo que se pudiera con otra actitud y que otra sea la respuesta efectiva, pues sería irresponsable de mi parte. Sin embargo es posible que existan mejores contribuciones a un “despertar” desde la estetización y subjetivación de los campos relacionales en nuestro tiempo y territorio abierto.

Con respecto al trabajo “político” desde el intento de las bases, y que consideren (aún) el ejercicio de relaciones con el arte, se presenta un problema diferente con respecto a las decisiones que tienen que ver con la relación de encuentro y posición con la realidad material y las posibles alternativas en el movimiento de conocimientos subjetivos y su tensión como conocimientos controlados.

En este grupo se podrían hacer dos generalizaciones: quienes se movilizan como “artistas” dentro del campo social, y quienes se desligan de la herencia del término “arte”. El arte dentro del campo social nos muestra variados colectivos, desde los oportunistas que buscan el posicionamiento en si mismo utilizando lo político y social en el conjunto de redes como forma de autoposicionamiento, hasta los independientes y colectivos que intentan trabajar “seriamente” la conjunción (aún) entre arte y realidad (para el caso sería arte y capitalismo). Los grupos que se desligan de la nominación que los ha educado como “artistas”, o que simplemente les dio flojera estudiar seriamente lo complejo del mismo hoy (y que curiosamente, de una forma u otra, están preocupados constantemente del arte dentro de su propia negatividad), se articulan, en su mayoría, con un propósito parecido al primer grupo, que va dirigido a un rechazo al sistema económico actual. No voy a profundizar en los problemas e intereses conceptuales de estas iniciativas, sino a describir, en general, los problemas y la inconsecuencia ingenua de la práctica.

Partamos de dos preguntas clásicas que no he visto que se plantee ningún colectivo en la región, dos preguntas que dividen las posibilidades de acción: ¿la formación socioeconómica actual en el mundo se nos da, de alguna forma, por una naturaleza intrínseca a nosotros mismos de hacer y deshacer las cosas? o ¿lo formado socioeconómico es un resultado de condiciones históricas? La primera es naturalista y nos lleva a una posible defensa del capitalismo, la segunda es materialista y nos da la posibilidad de cambiar el orden de las cosas formadas. Una es esencial y la otra estructural. Si nuestro caso fuera la primera opción estamos cagados: cambie lo que cambie, se destruya lo que se destruya, nuestra naturaleza tenderá, en cualquier nueva construcción, a explotarnos entre nosotros mismos constantemente en los niveles de vida que nos encontremos. Nuestra opción es la segunda, en la que nos conforma la historia de acuerdo a esto. Pero ¿por qué tenemos que partir creyendo esto como un axioma? ¿Por fe?…

Lo último es uno de los grandes problemas que los colectivos se pasan saltando peldaños argumentativos para el fortalecimiento del trabajo político social: se caricaturiza el sistema, se lo ridiculiza, se ponen trincheras argumentativas para considerarlo, dentro de una dialéctica simple, como un enemigo. Esta no es la forma, es vieja y solo parcela la visión y la posible estrategia. No se logra un objetivo tal convenciendo y reconvenciendo a las mismas personas que ya están involucradas en lo mismo, y más encima de manera pasiva sin ni siquiera percatarse. Establecer dialécticas separativas simples, en este problema, a lo único que contribuyen es a la capitalización del esfuerzo desparramado. En las bases se encuentran muchísimas personas que, dadas sus condiciones y posibilidades, se alejarían de inmediato del discurso para optar a mejores condiciones de vida burgés. Si no se ve esto o se rechaza, solo se atrasa. La negatividad del sistema como axioma solo debilita las posibilidades nuevas y creativas de accionar. ¿Que saco con convencer de mis ideas a quien las comparte de alguna forma? Se puede, con esta precariedad, combatir (livianamente) a capitalistas arcaicos, pero no a la realidad tecnologizada en que nos movemos dentro del mismo tema. No se puede subestimar esto.

Y más aún, ¿que incidencia tiene el arte en todo esto? Trataré de plantearlo más adelante.

Las formas de saber sobre nuestra condición natural o estructural, de acuerdo al mundo, se dan desde el accionar para comprobar, o en la espera pasiva a que la cosa ya no de más. Entonces supondré (porque simplemente quiero pensarlo así en este tiempo) que las condiciones del problema son histórico estructurales. ¿Para que? Para desde el proceso del ejercicio de este supuesto, agotar todas las posibilidades. Si en ese agotar constante y generacional no pasa nada de nada, entonces no se. (Aunque en chile hace rato que no pasa nada de nada).

Entonces, es claro que los debates contingentes no tienen un impacto, pues la “inteligencia del sistema” lo capitaliza y muchísimo mejor logrado (no solo por el mayor poder económico, sino por la mejor manera metodológica de relativizar la producción).

Otro aspecto es sobre la doble postura de gestores de cultura en su accionar: plantean otro sistema, pero en sus vidas diarias son todo ese sistema

Otro es el problemas en la concepción arcaica de “centros y periferias“, es decir, el planteamiento de estas dos realidades desde una mirada y accionar resentido, y no desde la actual situación de los múltiples rizomáticos de centros y periferias convivientes simultáneamente.

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Que ocurre con las posibilidades y alcances del arte en todo esto? Desde primeras lecturas no mucho, o nada. Las intenciones más políticas en arte, de una forma u otra, se transforman en anécdotas culturales dentro de una velocidad y pseudonecesidades constantes. Anécdotas contingentes. Se podría exceptuar el riguroso trabajo de los tautológicos históricos, o sea, quienes se codifican metodológicamente en la política en si misma del arte. Pero esta última excepción solo lo es en relación a su posibilidad de no ser contingente, pero no en su falta de incidencia prospectiva en relación a necesidades humanas actuales y futuras en lo que concierne a la explotación de nosotros hacia otros y de otros hacia nosotros.

Sin embargo considero una importancia, la cual se ha cocificado y extrapolado hacia campos de control, pero que en su principio nos muestra la necesidad en los diferentes posibles niveles de vida. A que me refiero: pues a los mecanismos que se han desprendido y extendido del hacer arte o del trabajo de arte, mecanismos que, en su mayoría, son de utilización técnica para beneficios específicos relacionados con la economía. La creatividad y el conocimiento se han convertido, de una parte hasta ahora, en inversiones importantísimas relacionadas con el capital en países industrializados, o mejor dicho, los llamados de “primer mundo”. La publicidad y los diseños que se desprenden en un salvajismo competitivo se nos presentan vehiculados desde la propia distorsión del principio del arte: una extrapolación conceptual llevada a cabo con espantosa eficacia. Entonces el trabajo de arte tiene una incidencia importante en los procesos socioeconómicos, aunque no se perciban en una primera instancia. Si embargo, esta importancia es compleja, pues la ramificación de técnicas empleadas a partir de él son gigantescas, y no solo de técnicas, sino también la cantidad y calidad de opciones a las que se deriva, opciones de acuerdo a la especialización de un trabajo en relación a su contenido y la dirección de ese contenido como comunicación. El trabajo profundo desde las subjetividades “contribuye”, positiva o negativamente, a la formación y reformación de imaginarios y nuevas posibilidades de abarcar y enfrentar las relaciones con la alteridad, el encuentro con lo Otro, y las condiciones de cualidad de ese encuentro. Esto, claro está, suponiéndolo desde el principio historicista que conforma nuestro hacer, el cual no puedo comprobar, y solo me atengo a considerarlo como uno más de los poco rigurosos que no aplica la conducta desde una real e inteligente subversión de raíz. Pero, dentro de los supuestos límites coyunturales que se me dan, expongo los síntomas e intento ver el máximo alcance de sus posibilidades a través de próximos textos de observación (y futuras metodologías de acción concentradas desde esta idea por el momento), hasta llegar, si es que se llega, a su afirmación no como axioma, sino desde su desglosamiento y aplicación no pasiva a la contribución de la historia que nos corresponda. Si el caso no se da, y se ahoga o se agota en sus máximas posibilidades, y la respuesta natural nos defrauda, que queda?… ¿seguir inventándonos?…. o como dice el dicho: no tratar de mejorar nuestros errores, sino mejorar y potenciar nuestras virtudes.

Lo cierto es que no lo se…