15 ene. 2007

Breve texto sobre “Modelos Descentrados”

Desde el 13 de octubre al 4 de noviembre del 2006 se presentó, en Espacio G, la muestra “Hacia donde van las Naves” del colectivo “Naves” conformado por trabajadores culturales latinoamericanos en Barcelona, España. En el contexto de esta muestra se realizó, el día primero de noviembre, el encuentro “Modelos Descentrados”, en el cual se invitaron a diversos trabajadores relacionados con “cultura” y con el hacer social como posibilidad de construcción de comunidad; construcción de imaginarios; subjetividades delimitadas hacia la comprensión y acción sobre las estructuras que movilizan los comportamientos culturales hoy, y de que manera paradigmas históricos son aplicados a territorios como Valparaíso. En este caso la relación estaba dada o ejemplificada desde los comportamientos de periferia y los modelos productivos que, por consecuencia, se siguen por el afecto periférico, es decir, los aun modelos centrales, como es el caso del encuentro, en el cual se ejemplificaba sobre el modelo Barcelona como instancia de paradigma de industria cultural, que Valparaíso hace años ya adopta y compra fuertemente.

En este punto se puede ver que, en la incorporación de principios de modelos industriales de la cultura por parte de Valparaíso, no se efectúa una revisión o mínimos planteamientos con respecto a la tensión práctica y conceptual de los capitales efectivos, tangibles, y los simbólicos. Con esto me refiero a la incorporación de un modelo, no resuelto, en el intento del principio de incorporación de aumentos económicos por parte del intento de adoptar un mecanismo industrial de
la cultura. También me estoy refiriendo a las consecuencias simbólicas que esto acarrea, o sea, la incorporación de un modelo industrial, el cual ni siquiera se revisa en el ámbito del “estudio artístico serio en las instituciones”, lo cual trae consigo, necesariamente, sus respectivas
inversiones, a mediano y largo plazo con respecto a los imaginarios y las formas de entrar en las percepciones de una posible estética contemporánea local. En este aspecto aparecen las ficciones de necesidad, incluyendo las rearticulaciones del cuerpo, como son el canon, pasando por ejemplos como la vestimenta, las elecciones de relaciones comunicacionales, etc.

Los discursos, y las significaciones que se desprenden de estos, en su sentido práctico, transforman nuestro diario vivir, nuestra relación con la ciudad (no necesariamente ciudadano) y los cuerpos que la habitan, o sea, las percepciones particulares y generales de subjetivación
dependen de la construcción o adopción de signos que sustenten, por el tiempo que sea necesario, las representaciones de un mínimo de convención, ya sea práctica o “completamente” inútil. Existen muchas formas de capital hoy, y una de ellas es sobre la inversión simbólica, la cual trae frutos económicos en plazos de inversiones. Barcelona (como política cultural) es una ciudad que se da
cuenta de esto, y se da cuenta de la inversión rentable de la expansión de las subjetividades como movimientos de capital. Claro está que la industrialización de la cultura es, comparada con la de movimientos brutos de control, como empresas de solo producción objetual, notoriamente diferente en los campos de apertura de los logros comunitarios en la conformación de intersubjetividades. Sin embargo, pienso yo, aunque sea el caso comparativo de una mejor posibilidad de la industria cultural en relación a una de mano de obra bruta (en el sentido de productividad económica en si misma), también se crean mecanismos de movimientos de las conductas psíquicas en torno a los principios estéticos de apreciación cuantitativa y cualitativa. O sea, aunque la imposición cultural deja el campo abierto al desorden personal de lo mismo impuesto, es, sin embargo, un movimiento de control con respecto a los cálculos experimentales del mercado en el campo de la ganancia y la expansión transcultural que se resume en el dinero. En última instancia, de acuerdo a mi paranoia, es muy delicado y peligroso la adopción de ciertos mecanismos de subjetividades
experimentales ciudadanas que se aplican para el logro de alcances y posibilidades económicas.

En primera instancia, la adopción cultural, de un territorio hacia otro, desde las bases de la economía, se da antes de los mismos darse cuenta del potencial económico que brinda una empresa de cultura establecida. Un campo de concientización muy fuerte se puede ver en la manipulación política, y más aún, en la educación política psicogeográfica. Un ejemplo se puede ver hoy en las estrategias de alianzas que existen entre empresas españolas con grande filiales en chile que se “asocian”, por decirlo de alguna manera, con ciertas Universidades y efectúan alianzas de becas y pasantías (las cuales han aumentado de manera sobresaliente). Que significa esto. Puede verse
fácilmente como nuevas estrategias de concientización a través de la educación política de los territorios foráneos que compiten con otras potencias por tener la adopción de un territorio para el aumento de sus economías. El mayor logro de la dominación económica se da cuando una población adopta los modelos culturales de esta, y que mejor estrategia que educar en el propio terreno del país a las nuevas posibles generaciones para que adquieran las características culturales que sustentan las políticas económicas, sobre todo en un país como Chile, y sobre todo en provincia del mismo país, en donde las posibilidades de la búsqueda identitaria son paupérrimas. La hibridez de nuestro territorio es la eliminación sustancial, a través de la historia, de una posible identidad, y la adopción de los modelos a la fuerza en un comienzo de invasión territorial, y de seducción, hoy, que Chile recibe “encantado”. Esa es una de las causas simples de porque somos un modelo experimental neoliberal en Latinoamérica: nuestra pasividad cultural, sobre todo de si modelos se habla.

Si bien este texto ha sido una generalización social, el cual no plantea un principio direccional alternativo, paralelo, o de acción en contraposición a lo mismo criticado, me gustaría “controvertirlo” con lo que plantea Mignolo con respecto al “Border thinking”. Aquí la idea no es
la posición postestructuralista con respeto a la crítica hacia la modernidad, por realizarse esta crítica al interior de la misma modernidad, sino una que habla desde un principio geopolítico externo, a partir del cual se realice un tipo de pensamiento diferencial, la cual opera mediante la apropiación de la diferencia colonial

La diferencia adoptada de esto último, casi en forma antinómica, trae la situación de modelo, en el sentido en que nos hemos estado refiriendo. Esto, se puede ver, aún, de alguna forma, en grupos de accionnar y trabajadores culturales que se masifican cuantitativamente en Valparaíso. La mayoría, dentro y fuera de su discurso, están integrados a los movimientos institucionales de los modelos que se siguen y que incluso niegan. Las agrupaciones que no se adecuan a esto, o que intentan “deslocar” o dialogar a partir de esto, se evidencian enseguida por su discurso crítico (lamentablemente son muy pocos hoy). Los intentos de respuestas deslocalizadas gastan sus energías en contra de las configuraciones del sistema como “magno discurso”, sin adentrarse en las necesarias “Libertades de Opción”, y los posibles mecanismos de apropiación de discurso político.

El problema y análisis son amplios...... solo dejaré la constancia de principio de enunciación de este texto como primera instancia, o si se quiere, primera parte no agobiante, por el momento.