En el transcurso de casi tres días completos he revisado todas las invitaciones que me han llegado en el año 2008 y que han tenido una relación con el trabajo del arte, principalmente exposiciones ligadas a emplazamientos en la región de Valparaíso. Tal vez tengo algún tipo de mecanismo de defensa que, de una forma u otra, no ve el conjunto de accionar de un período determinado como el que menciono sobre el año en cuestión, pues, conociendo las rigurosidades de apertura contemporánea y prospectiva, y experiencias posibilitantes de expectativas de trabajo de lo que podemos entender por arte, y a sabiendas de las lamentables no exigencias o desensibilidades al respecto, sin embargo me he sorprendido de no encontrar casi ningún trabajo de emplazamiento que se exija de manera atrevida y rigurosa, que intente expandir y actuar sin las exigencias de los modelos restrictivos de la apertura del pensamiento y lo sensitivo del encuentro consigo mismo y con la alteridad. Lo que revisé es, en su gran mayoría, dispersiones relacionada con emancipaciones ciudadanas de proyectos espectáculos, y en el caso de exigencia reflexiva solo frágiles movilidades de intento de integración a códigos institucionalizados y reincorporados por mecanismos artístico políticos de poder mercantilizable y extendidos a condiciones socioculturales evidentes. Es decir, intentos de nivelación dentro de la subjetivación de experimento de trabajo en relación a un alcance pequeño histórico ya determinado y muchas veces cosificado, y prácticamente nada que pretenda, e intente y trabaje las exigencias y riesgos de una relación de aprendizaje y comunicación con lo referencial hacia una amplitud dentro de los contextos en que nos relacionamos como vida, en todos los campos posibles, y en este caso, en los de impulso subjetivizante de encuentro (algunos casos si se dieron, pero de una liviandad carnavalesca y anecdótica que no viene al caso).

